Fernando Magallanes siguió en Canarias los pasos de Cristóbal Colón y optó por los productos de las islas y leña para cocinar en la gesta española de dar la vuelta al mundo hace 500 años. El barco partió de Canarias aunque fue armado en Andalucía. De las islas salió el dos de octubre de 1519.

Quizás el mayor error de Magallanes en Canarias fue no comprar un pequeño molino de piedra y tostar en la travesía gofio, el «superalimento» de los antiguos canarios y actuales. Colón sí lo hizo y emplearía gofio en su primer trayecto desde las islas en 1492 al igual que se nutrió de queso de cabra.

La profesora de la Universidad de Maryland, Eyda M. Meredizen, en una investigación académica de noviembre de 2018 sobre Fray Bartolomé de Las Casas en Canarias, apunta que tenía conocimiento del consumo de gofio por parte de los religiosos en América.

El portugués Gómez Eanes de Azurara, en 1458, sobre cómo era Guinea señala que estuvo en las islas y los antiguos canarios «no sabiendo amasar el pan, hacían harina que comían con carne y manteca». En 1484 Pedro Gómez Escudero afirma de los habitantes: «... su mantenimiento cebada tostada molida y amasada, su harina llamaban gofio, con leche, caldo y miel silvestre y agua y sal…».

Lo que se suminitró Magallanes en Canarias se sumó a lo que ya traía la Península: 21.380 libras de galleta de barco, 5.700 libras de carne de tocino, 200 barriles de sardinas, 984 quesos, 400 ristras de ajos y cebollas, 1.512 libras de miel, 3.200 libras de uva de Málaga, pasas y almendras y 417 odres y 253 toneles de jerez.

La expedición se armó en Andalucía y salió desde Tenerife. El el 26 de septiembre la expedición avistó la isla del Teide y fondearía en aguas insulares, de donde parte el 29 para establecerse de nuevo frente a la Montaña Roja, en la playa de La Tejita, al sur de la isla, con el fin de aprovisionarse.

Tras una etapa que sería en la zona norte de Tenerife, zarpó hasta el sur de la isla por sospechar de la presencia cercana de navíos portugueses. Cerca de El Médano, en las inmediaciones de Montaña Roja volvió a cargar carne, agua y leña. Antonio Pigafetta escribió en su cuaderno de viaje: «en aquellas islas Canarias (…) donde el agua se alberga; con lo cual, los hombres que allá habitan y los animales, así domésticos como selváticos, todos los días, de esta agua, y no de otra, abundantísimamente se saturan».