El sector vive desde el año 2000 una crisis sin precedentes, y el Brexit podría ponerle la puntilla si no hay reacciones

El tomate canario de exportación zozobra. La competencia de países como Turquía, Egipto o Marruecos, las sucesivas plagas padecidas por los cultivos, el aumento de los costes de producción y, ahora, un posible Brexit, se suman a una lista de dificultades que los productores, junto con el Gobierno de Canarias, tratan de salvar para mantener un sector productivo histórico en el archipiélago.

Las cifras de la evolución de los últimos años son el reflejo de la debacle: 352.000 toneladas exportadas en 1999, frente a las poco más de 50.000 de la última campaña; de los 16.000 empleos de hace 15 años se ha pasado a menos de 6.000; del medio centenar de empresas de entonces, a las siete que resisten (por el momento). Y de cerca de 3.000 hectáreas cultivadas hace tres lustros, a tan solo 500.

El calvario del tomate canario de exportación comenzó con el virus de la cuchara, que asoló los cultivos de tomate de las islas en 2000. Al virus le siguieron los acuerdos comerciales entre la UE y Marruecos. El portavoz de la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Las Palmas (Fedex), Gustavo Rodríguez, explica que el canario juega con desventaja frente al tomate marroquí. “La mano de obra representa el 70% del coste total. En nuestro caso, esa cantidad ronda los 50 euros por trabajador y jornada, mientras que en Marruecos oscila entre los 2 y los 4 euros”.

A ello hay que sumar el coste del transporte para colocar el tomate en la Península o Europa. Mientras que un tomate peninsular llega en poco más de dos días a un país como Holanda, el canario emplea cinco al tener que hacer parte del trayecto en barco, lo que además incluye numerosos gastos. Pero en la sucesión de dificultades que han llevado al tomate canario al borde del precipicio en el que se encuentra hay que incluir algunas más.

La presencia de un mayor número de competidores ha ido disminuyendo los precios de venta, con márgenes de ganancia cada vez menores. La mosca blanca provocó en 2008 una nueva merma, y un contencioso con el Estado obligó a los productores a devolver 14 millones en ayudas al transporte que habían recibido en 2002. La plaga de la tuta absoluta en 2015, o la reciente subida del SMI, que ha elevado los costes en un 23%, han incrementado una presión que el posible Brexit podría hacer letal. “Si de por sí los márgenes de beneficios eran casi ridículos, con esto ya se enciende la luz roja”, señala el portavoz de Fedex.

En La Aldea de San Nicolás (7.000 habitantes), en Gran Canaria, el municipio con mayor dependencia del tomate de exportación, están especialmente pendientes de lo que suceda con este cultivo. Representa el 75% de su economía, y un millar de personas –más de la mitad de su población empleada– está vinculada a él. A pesar de la crisis que atraviesa el sector, su alcalde, Tomás Pérez, cree que hay esperanzas “si el sector sigue apostando por ser más competitivo y continúa recibiendo ayudas”.

Productores y Gobierno están manteniendo en las últimas semanas una intensa agenda de reuniones con el fin de establecer una estrategia que poder defender ante el Ejecutivo central y la UE. La consejera de Agricultura del Gobierno de Canarias, Alicia Vanoostende, afirma que se trabaja “en la elaboración de un dossier para presentarlo ante los Ministerios de Agricultura, Fomento y Exteriores, para explicar cuál es la realidad canaria y la necesidad de mantener las ayudas”.

Uno de los principales objetivos es solicitar la reconversión de las ayudas a la comercialización al transporte que se perderían por la salida del Reino Unido de la UE por ayudas a la producción, que pasarían de los 15.000 euros por hectárea a unos 20.000. Y aunque el del Brexit es el asunto más urgente, la consejera reconoce que hay que mirar más allá. Manifiesta que es necesario que el sector se organice para crear una denominación de origen protegida, como el plátano canario. “A medio plazo se pueden hacer muchas cosas. Se puede orientar la comercialización a otros territorios, trabajar nuevas variedades… El Brexit es salvable, no debería ser el fin del sector”.

 

FUENTE: Cinco Días