El ingeniero militar e inventor, Agustín de Betancourt y Molina, originario del Puerto de La Cruz, admirado en Rusia, que en 1797 patentó una prensa hidráulica que introdujo en las almazaras, permitiendo traspasar el umbral artesano del aceite de oliva y poniendo el ingenio al alcance de la Corona española.

El francés Sabin Berthelot hace 200 años, en su «Antropología cultural y social de Canarias», destaca que en la antigüedad «el aceite de pescado no podía menos de ser buscado por los navegantes por las grandes ballenas que venían a encallar en las playas de Canarias». En sus diversas, variedad, por tanto, está claro que se autoabastecían antes de la Consquista y de ahí surgió un talento.

Betancourt aplicó tecnología. «Parece que puede ser útil para extraer todo género de aceites, particularmente donde los molinos que se usan hacen tan poca presión, que el orujo conserva todavia bastante aceite para arder al fuego».

La historia del olivo en Canarias comienza hace siglos con la Conquista. Aceite de pescado , cereales o aceitunas, siempre ha estado presente en nuestra dieta. 

Acebuche que empleaban los antiguos canarios

El acebuche u olivillo (Olea europaea ssp guanchica) es una subespecie endémica canaria que forma parte de la familia de las oleáceas, es decir, pariente silvestre del olivo que se cultiva para la producción de aceite y aceitunas, presente en la flora canaria desde remoto, del que refieren que en tiempos pasados hubo grandes bosques.

Su madera era utilizada para tallar utensilios de labranza, pastoreo, armas de defensa y de caza. El fruto se utilizaba como remedio popular y comestible.

Y el aceite, entendido como zumo de aceituna, quedaba reducido dado su escaso rendimiento productivo a una actividad familiar y a pequeña escala.