Fernando Adán Melián baja la persiana de su restaurante, el mítico Ca’Adán. Se va un clásico de la gastronomía insular del que se puede decir cualquier cosa menos que ha sido convencional. Ca’Adán no admite etiquetas, no ha tenido otro norte que la calidad, su inigualable carta recitada ya es historia y su cocina será recordada por ser sencillamente extraordinaria. Fuera de catálogo tuvo hasta el nombre del restaurante, que no figuró rotulado en la puerta del establecimiento hasta los últimos tiempos.

 

Natural de Telde (Gran Canaria), su familia ha regentado un afamado bar especializado en pata de cerdo. Fernando Adán Melián recaló en Lanzarote y, junto con un socio, se hizo cargo de la cantina del Casino Club Náutico de Arrecife. Con el tiempo los socios se separaron y Fernando montó La Higuera, en el margen derecho de la carretera que asciende desde el polígono comercial e industrial Playa Honda hacia Guime. Más tarde pasó al restaurante Los Helechos, en un semi sótano situado en la calle Princesa Ico de Playa Honda, junto a la orilla del mar. Y de allí se trasladó a su último emplazamiento, en la calle Chimidas, junto al Centro Comercial Deiland, que ahora echa el cierre.

Uno de sus atractivos consistía en escucharle recitar los platos a gran velocidad

Ca’Adán ha sido unos de los mejores restaurantes de la isla situado fuera de las rutas y núcleos turísticos. Una casa de comidas para la población local y para los canarios que recalaban en Lanzarote con frecuencia. La ceremonia era sencilla: saludaba, te sentabas donde había mesa libre y Fernando te daba de comer, no sin antes preguntarte qué te apetecía. Era una mera formalidad que daba paso a la carta. Pero no había carta en Ca’Adán y, de hecho, uno de sus atractivos consistía en escucharle recitar los platos, cosa que hacía a gran velocidad agrupándolos en entrantes, luego los pescados, después pasaba a las carnes… Un verdadero espectáculo que muchos echaremos de menos. Los postres, al final.

Clima de familiaridad creado por el trato amable, cercano y desenfadado

¿El secreto de Ca’Adán? En un clima de familiaridad creado por el trato amable, cercano y radicalmente desenfadado, su cocina se ha basado en los productos de la isla de primera calidad. De ahí surgían unos platos nobles, sin florituras y sin aditamentos. ¿Un entrante? Paté de maíz a las finas hierbas (escaldón de gofio). ¿Revueltos? Al gusto y para parar un carro. ¿Carpaccio? De atún. ¿El mero? Al horno. ¿La merluza? Frita. ¿El abae? A la espalda. ¿Te frío unos salmonetes? ¿Carnes? Sí, ¿cómo la quieres? ¿Te apetece unas carrilleras al vino tinto? ¿O un entrecot en salsa de pimientos jalapeños? Para acompañar, siempre contó con una buena bodega, no demasiado extensa, pero fiable y a precios adecuados.
Tasca, restaurante o casa de comidas con aire canario, qué más da, la pena es que ya no se le escuchará más recitar la carta.
¿Ca’Adán? Recomendable, oiga: la cocina es casera y de primera, y no te asustes con la atención de los camareros porque es, como te diría… muy amable, pero poco convencional, aunque el servicio es excelente. Gracias Fernando por regalarnos tantos buenos ratos, con Gabriel en la cocina.
FUENTE: Biosfera Digital