Los trabajos para establecer unas normas ISO (Organización Internacional de Normalización) sobre la miel han comenzado ya, durante una reunión celebrada recientemente en París.

Estas normas son muy esperadas en un momento en el que el comercio internacional de miel está en aumento y se denuncian ciertas anomalías en la composición del producto.

China es el país que más está presionando para que se lleven a cabo esos trabajos, en los que también quieren participar otros, como Francia, Argentina, India, Alemania, Hungría y el Reino Unido.

Llegar a un consenso sobre unas normas internacionales para la miel puede llevar años. El pliego de condiciones de la jalea real, que se publicó en septiembre, ha costado ocho años. En el caso de la miel, hay algunas definiciones que pueden servir de base, como la recogida en una directiva europea o la del Codex Alimentarius. Para armonizar las normas sobre la miel hay que tener en cuenta muchos elementos, entre ellos la alimentación de las abejas, la composición de la miel o los métodos de análisis.

No se trata de un asunto menor si se tiene en cuenta la fuerte progresión de los intercambios mundiales de miel. Algunos datos muestran que las exportaciones mundiales crecieron el 61% entre 2007 y 2015. En ciertos países el incremento ha sido espectacular.

China pasó de exportar 64.000 toneladas en 2007 a 144.756 en 2015 y las exportaciones indias pasaron de 4.700 a 40.800 toneladas en ese período.

Frente a un comercio cada vez más activo, la Unión Nacional de Apicultores Franceses (UNAF) ha advertido de los riesgos de adulteración de la miel. Los últimos análisis realizados por la Unión Europea, en diciembre de 2015, son preocupantes: el 32% de las mieles analizadas presentaban una no conformidad sospechosa o comprobada; el 6% se había diluido con almíbar de azúcar y el 11% habían tenido posiblemente un tratamiento similar.

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