En estas fechas Navideñas que se aproximan, abundantes en compromisos, cenas, comidas de empresa y celebraciones familiares, muchos son los que sucumben a la tentación que supone un copioso menú navideño, una bandeja de turrón, o los encantos del mazapán, los polvorones y otros dulces; todo ello aderezado a menudo con bebidas alcohólicas, lo que constituye la tónica habitual para gran parte de la población en Navidad.

Es momento de celebración y de confraternización, y en muchos casos de abandono de nuestros buenos hábitos alimentarios a favor de ciertos excesos culinarios. Desde esta página, Alejandro Silvera, Farmacéutico y Nutricionista, nos da unos consejos para que, al término de las Fiestas, no lamentemos los excesos cometidos.

¿Afecta a nuestro organismo la forma en que comemos en Navidad?

Pues sí. De forma inmediata, a menudo los excesos dietéticos que cometemos en estos días, hacen que nuestro cuerpo reaccione, rechazando la gran cantidad de nutrientes y energía y aparezca un cuadro conocido vulgarmente como empacho (se pueden producir náuseas, vómitos, dolor de cabeza e incluso diarrea). Es por ello, que adecuar la dieta lo más posible a nuestras necesidades, sin abusar de ciertos alimentos, nos ahorrará muchos quebraderos de cabeza.

A medio y largo plazo, hay que tener en cuenta que un exceso de energía consumido habitualmente, puede provocar la aparición o agravar cuadros de sobrepeso u obesidad, y en muchas ocasiones la aparición de ciertos signos y síntomas derivados de tales excesos (aumento del colesterol y triglicéridos en sangre, gases, acidez, otros trastornos digestivos..).

En cuanto al consumo excesivo de alcohol, éste repercute negativamente en nuestra salud a diferentes niveles, y sus efectos no se limitan sólo a una desagradable resaca. Pueden aparecer desde una inflamación de páncreas, hasta cefaleas, trastornos hepáticos y gástricos, que pueden además desembocar en otros trastornos crónicos.

¿Puede darnos algunos consejos para evitar estos excesos y sus consecuencias?

Puedo darles DECÁLOGO muy sencillo, y que puede servir para disfrutar de las celebraciones de un modo más saludable, pero sin renunciar al placer del disfrute de los típicos platos y preparaciones navideñas:

  1. Procurar no llegar al momento de la celebración (cenas de Nochebuena o Fin de Año, comidas de Navidad o de Año nuevo, cenas de empresa, etc.) con muchísimo apetito. Para ello, hacer una ingesta normal (almuerzo, merienda, etc.) o tomar algún bocado con la suficiente antelación, sin saltarse comidas.
  2. Elegir menús ligeros: combinando alimentos con menos calorías (hortalizas, verduras, frutas, pescado, carnes magras) y preparándolos de modo saludable (en ensalada, vapor, plancha). Además, podemos añadir una salsa o aderezo exótico para darles un toque especial.
  3. Masticar bien y comer despacio, nos ayuda a generar en nuestro cerebro sensación de saciedad. Esto hará que hagamos una ingesta menos copiosa que si comemos rápida e impulsivamente.
  4. Servirse en un plato: es siempre mejor que ponernos a picar: canapés, jamón, queso, croquetas, dulces sin ningún tipo de tasa o control. Una buena opción es colocar en un plato aquello que nos vamos a comer (y que podemos controlar).
  5. Mantener nuestra actividad física: caminar de 40 min a 1 hora al día, nos hace gastar algunas de las calorías de más que hayamos ingerido. El tiempo libre de los días de fiesta es una excelente ocasión para hacerlo: paseos, salidas de compras, excursiones, deportes al aire libre..etc.
  6. No debemos saltarnos comidas importantes como el desayuno. Algunos estudios demuestran que las personas que desayunan habitualmente todos los días, tienden a ingerir menos calorías durante la jornada.
  7. Con independencia de los platos contenidos en cualquier menú festivo, el resto de la alimentación diaria ha de estar centrada en beneficiar nuestra salud. Sería bueno optar por la Dieta Mediterránea, cuyos pilares básicos consisten, entre otros, en el consumo preferente de alimentos saludables como frutas, verduras, hortalizas, cereales, legumbres y pescado, y en disminuir el de otros no tan saludables que contienen gran cantidad de grasas (carne roja, embutidos, lácteos grasos..) y/o azúcares (bollería, dulces, chucherías, chocolate).
  8. Hay que tener en cuenta el alcohol por sus efectos en la salud y por su aporte de calorías. Un vaso de licor aporta unas 275 kilocalorías y un vaso de vino, en torno a 150 kilocalorías. Estas kilocalorías unidas a las de los alimentos pueden suponer un exceso de energía, que acumularemos en forma de grasa.
  9. A la hora de beber este alcohol, los adultos debemos optar por bebidas de baja graduación (que tienen menor contenido alcohólico) como el vino o la cerveza. Además, hay que beber con moderación: máximo 300 ml de vino, o 3 cervezas tipo Pilsen y siempre tomándolos con alimentos.
  10. El agua es un elemento primordial a la hora de detoxificar y ayudar a purificar nuestro cuerpo tras el exceso. Tomarla en cantidad adecuada (1,5 litros/día) nos ayudará a restablecer la normalidad fisiológica en menos tiempo.
Alejandro Silvera

Alejandro Silvera

Nutricionista

Especialista en Nutrición y Bromatología, Licenciado en Farmacia, Docente Colaborador en la ULL y responsable del Departamento de Nutrición de una gran empresa alimentaria del Archipiélago.