Otra cosa no habrá, pero tascas, de todos los colores.

Muy buenas, no tan buenas, prácticas y por qué no decirlo, nefastas. Un buen medidor es cuando pasas por la puerta y las ves vacías o con gente. Cómo puede haber tanto público en una y prácticamente nadie en la que se encuentra puerta con puerta. Sin duda, por algo será, ya que el cliente sabe dónde acude y por qué.

Una tasca tiene que identificarse por la limpieza diaria, sin excusas. Una buena atención donde los relaciones públicas juegan un papel fundamental. La persona que recibe, aconseja y atiende lo debe de hacer de forma esmerada y agradable. La cocina tiene que estar transparente, limpia no, lo siguiente, ya que es la parte fundamental del éxito de la tasca. El personal debidamente uniformado acorde con la normativa y el puesto que ocupa. A las parrillas aplicarle agua a presión en la limpieza general.

La tasca no tiene por qué ser oscura sino con una buena iluminación donde todo se encuentre a vista del cliente. Es fundamental una buena planificación, que ofrezca platos originales elaborados con una materia prima de primera calidad. El visitante se tiene que sentir cómodo, incluso a la hora de pagar y poder optar con diferentes formas de pago como contado o con tarjeta, ofreciéndole el famoso Datáfono sin cuentos ni carteles, que dicho sea de paso, no se cree nadie. El cliente no tiene por qué sufrir una mala negociación del titular de la tasca con el banco.

El recetario debe de ser variado e identificarse el local con determinados platos y no por los que se encuentran en todos sitios, no marcando diferencia alguna. La cocina funcionando sin agobios, de igual forma con una mesa que con el lleno absoluto, sin prisas pero marcando los tiempos entre plato y plato.

Existen diferentes ambientes pero quizás el ideal, es el que facilite una buena charla entre los asistentes, amigos y conocidos, lográndose una verdadera tertulia. Sin escándalos, que lo único que provocan es que la gente chille incluso en la propia mesa, terminando uno pidiendo agua, completamente agotado. Seguro que si se hacen bien las cosas, los reconocimientos llegarán y pronto, a vista de todos.

En fin, está claro, comer antes de beber, y no hay nada como seguir la fiesta en un bar de copas, pero con el estómago lleno, evitando así un coloque acelerado, gracias a las tascas verdaderas.

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife