Si hablamos de pan, nos referimos a un alimento hecho de harina, sobre todo de trigo, amasada, fermentada y cocida al horno.

¡Qué tiempos!, cuando escuchábamos al panadero gritar aquello de: ¡El panito, y calentito! Costaba seis pesetas para los niños que hoy rozan los cincuenta, los mismos que reunían las seis pesetas entre todos para dárselo al panadero a cambio de tan deseado alimento. Igualito que hoy, sesenta céntimos de euro, que en pesetas, no es lo mismo.

Variedad de panes como el sencillo, que se rompía dejando un riego de pan y migas al más puro estilo Pulgarcito. El sobado era preferido por el codito y el acabado más blanquito. Con el de matalauva, más de uno decía que tenía sabor. Los integrales eran los idóneos para los que estaban a dieta, y todavía no se aclaran a día de hoy si la miga engorda o no, lo que sí está claro es que se la comen.

Cuando un determinado producto suena, no cabe duda que posee todas las propiedades alimentarias necesarias. Llegamos al que está de moda en la actualidad, el de cereales, que te lo comes como si fueran cotufas, empiezas y terminas en cuestión de minutos. Algunos exclaman: ¡Quítamelo de las manos porque termino con él! ¡Qué desgracia!.

Aparece el pan con pasas incrustadas y con sabores como a cebolla o ajo. Éste último desarrollándolo da lugar al famoso pan de ajo, que con mantequilla de ajo y al horno, está de muerte. Las influencias llegan como el pan con tomate catalán, tomate y orégano italiano, así como el famoso pan con aceite de oliva en ayunas, ideal para empezar la mañana como Dios manda, todo un alimento sinónimo de delicia y saludable.

No olvidarnos de pan conocido como de lata o de sándwich, que puede ser con corteza o sin la misma. Llegamos a las famosas barritas finitas y crujientes con sal pegada, que junto con los anteriores, forma un surtido en una cestita. No podemos olvidarnos del pan de hamburguesa o el de perritos, que es más finito, delicado y más fonfito. Los panes con codo pronunciado son muy solicitados, algunos lo cortan con las manos y el que venga detrás, que se coma el resto, si quiere. El pan con mantequilla es internacional, los extranjeros lo abren, añaden mantequilla y listo.

En fin, también se exclama: ¡Más largo que un día sin pan! El pan imprescindible, demostrado.

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife