Sin duda, una pareja de adjetivos que afecta a diario a nuestra alimentación. Muchas veces hemos oído que estos productos mantienen sus propiedades gracias a los conservantes pero está claro que donde se ponga un mercado, que se quite el resto.

Hoy en día existen muchas tiendas de congelados donde se encuentra prácticamente de todo, verduras, carnes, pescados, pastas y hasta fruta pudiendo solucionarte desde un picoteo a una comida importante. Pero claro, los restaurantes no deben de abusar de estos productos ya que corren el riesgo de que el comensal opte por no moverse de casa, antes de pagar por un congelado.

Con los enlatados pasa lo mismo, colándolos como falsas comidas caseras preparadas como debe de ser. Hay quien adereza con una fritura el contenido de una lata, sin necesidad de ser de tipo “gourtmet”, y hacer propia una elaboración de fabada, albóndigas o callos, por ejemplo. Ahí no queda la cosa sino que encima tiene la frescura de exclamar: ¡Me quedaron de escándalo!.

Vemos como los amantes del congelado, algunos, son capaces de presentarse a un simple concurso de tapas o comidas tradicionales. Ilusos éstos últimos que creen que las personas cualificadas encargadas de puntuar, van a pasar por alto estas acciones.

Ir a un restaurante con riesgo de recibir gato por liebre, no cuenta con el visto bueno de muchos, que saben el coste de la materia prima. Así todo hay que reconocer que este tipo de comidas te sacan de un apuro en menos que canta un gallo, quedas como un rey, preparas una salsita y se la echas por encima al producto elegido, eso sí, previamente descongelado horneado o frito.

Como siempre los veteranos del lugar, víctimas de nuevas tendencias, te recuerdan cuando muchas veces con la mosca detrás de la oreja, iban a las basuras a ver que consumía el vecino. Sorprendidos quedaban a ver latas de cinco kilos de comidas ya preparadas y envasadas al vacío haciéndose la reflexión de que la cantidad no era para una familia sino para todo un regimiento.

En fin, utilicemos los congelados y enlatados en su justa medida como por ejemplo cuando junto con dos huevos fritos, salchichas, beicon y judías con tomate de la lata inglesa, preparamos un auténtico desayuno inglés. ¡A comer!

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife