Hay que reconocer que es un líquido que la mayoría de las ocasiones está como dice el dicho, “en misa y repicando”.

Un vino está bueno o no, son muchos los que piensan que mejoran con la edad, ratificando que cuanto más viejo, mejor. Como en todo, para gusto hay colores, provoca momentos en que más de uno aprovecha para enviar mensajes, la mayoría de las veces, con sentido común.

Según los médicos, hay que consumirlo como casi todo, con moderación. Una copita en la comida principal o al día, no hace daño y si es tinto, mejor porque es bueno para el corazón. Hay quien mueve el brazo arriba, abajo, al centro y a dentro o simplemente dobla el codo y se lo toma todo. El vino sobrante, no existe, siempre tiene salida y hasta en los buenos guisos está presente. Muchos piensan que el que a este mundo vino y no toma vino, no se sabe a qué vino.

En el campo de la náutica y hablando con sus términos característicos vemos como el vino lo mueven de babor a estribor, de proa a popa y como siempre al final, a la bodega. En la Iglesia impera el vino de misa, que en la Eucaristía será consagrado y en las celebraciones como bodas, bautizos y comuniones se puede escuchar la frase de que el que bebe, se emborracha, posteriormente duerme, si duerme no peca y si no peca, va al cielo y ya que al cielo van, ¡que beban!.

Teniendo en cuenta la sabiduría de nuestros mayores, éstos recomiendan vino para hablar lo bueno y lo malo de cada caso, pero a la hora de decidir, mejor hacerlo con agua. Cuando un tema está claro se dice: “Al pan, pan y al vino, vino”. Para los amantes del cine, el mejor título es sin duda, “Marcelino, pan y vino”. En el terreno amoroso, a unos conforta y a otros, destroza. Al borracho fino, siempre se le ha recomendado en primer lugar, agua y después, vino. Con prudencia y responsabilidad, a nadie le hace daño, modo de beberlo con tino o sentido común. Siempre se ha dicho que aceite y vino, bálsamo divino.

En fin, en lo malo … ¡Mal día para dejarlo!, y en lo bueno, lo principal es la reunión, el vino los une a todos y siempre aparece alguno que en cualquier época del año brinda exclamando: ¡Feliz Navidad!.

Bernardo Lozano Acuña

Bernardo Lozano Acuña

Escritor

Escritor, Conferenciante y Columnista de La Opinión de Tenerife

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