En una distendida conversación con un amigo cerveza mediante, le comentaba que sentía que me había vuelto con los años algo egoísta, aún no siendo yo muy del molde de la consabida educación de una chica de ciudad de provincias dónde los vecinos, conocidos y allegados siempre tenían algo que aportar sobre mi modo de hacer.

Mi amigo, en un alarde de sabiduría, me explicaba que si así era, verdaderamente había emprendido el camino de la felicidad, pues no es malo ser egoísta, sino ser individualista. Esos son la clase de momentos en los que los que el maestro de kung fhu te ilustra mientras entrenas y piensas si se oirá el ruido del árbol al caer si no hay nadie en el bosque para escucharlo … cri cri , cri cri.

Durante nuestra juventud, vamos forjando nuestro carácter a base de experiencias propias y colindantes, vamos asentando las bases de nuestras preferencias y talentos y poco a poco, vamos moldeando nuestros rasgos más comprometedores para que no nos den tantos quebraderos de cabeza. En mi caso particular, resulta ser que tengo lo que se llama un agujero en las tripas, que se contrae inundado por el ácido más corrosivo ante injusticias, manifestaciones estentóreas de mediocridad y la sangre templada. De igual manera brota de él a borbotones la nutrida alegría ante el talento en cualquiera de sus expresiones,frente a la convicción y el coraje y el poder balsámico de los amigos y su compañía.

Hay mucha gente sufriendo por esto, mucho ojo, en un vano y absolutamente fútil uso del moldenova y ceranova de la personalidad, intentan dar una cara que no es la propia y que al final los convierte en seres vacíos de carácter, esos que quieren ser más neutrales que Suiza y esquivar las balas. Cuesta un poco, un tiempo, darse cuenta de que hagas lo que hagas siempre te llevas un tiro, por eso, vale más perdonarse y consentirse, mojarse y opinar, siempre en el respeto al contrario y con la cualidad enológica más preeminente: La diplomacia.

El vino es y ha sido el mayor diplomático del mundo, brillando en las mesas de argucias y tratados, sobre pergaminos y mapas, en la mano de reyes, cardenales, zares, comerciantes, piratas, terratenientes y arrieros.

El vino sí que sabe, sé como el vino my friend.

También nos encontramos a vinos con una ausencia total de personalidad e identidad, por eso, porque es un vino concebido para gustar a todos, para estar en todos sitios, en todos los lineales y ocasiones, siempre sonriente y correcto. Cuidado, que eso no está exento de una tremenda dificultad y departamento de I+D y todo tiene su lugar, su mercado, su hora de mojarse el pico con lo que toque, faltaría más.

A este agujero de mis tripas, tarareador incansable de canciones, concienzudo, educado y tenaz, por el que probablemente también se cuela todo lo que me hace temblar y vibrar,todo lo que convierte un día cualquiera en una única ocasión y me obliga a salir a la calle como si no hubiera un mañana cuando la luna está llena, el que no contiene el te quiero, el perdón, el no y el wow!!

A ése, no le gustan las personas y los vinos perfectos, los que siempre saben a lo mismo porque nunca saben a nada, los que van por las terceras elecciones, los que se arrepienten después de hablar porque han dado una muestra de sí mismos imposible de recuperar.

Mi amigo es un sabio, porque efectivamente el individualismo y el creerse siempre que estás en posesión de la verdad, que no necesitas de los otros, que no valen otros modos y formas, que una pantalla puede sustituir al chasquido de un beso, esa es la maleza y la plaga, el infierno de la soledad. Pero ser egoísta no, porque implica que conociendo mis fallos y mis aciertos me quedo y me acaricio con el vino que me gusta, me compro otros zapatos, canto y desafino y sigo esperando un beso que me corte la respiración, ese que hace que sienta que tengo un enorme y vivo agujero en mis tripas.

¡Salud!

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.