Los días se escapan, las nubes se van …” lo dice la canción de Leiva y así es el verano amigos, esos días de luz que exhalan un aroma a desprendimiento y aventura, breves por muy largos que sean, aunque no vamos a ponernos lloricas viviendo en las Islas Canarias.

El democrático calor abrasador nos incita al fresco beber y compartir y nos suele hacer caer, de manera inequívoca en el zumo de cebada (y bien rico), en blancos de bajo grado comúnmente demasiado fríos, en rosados festivos y disfrutables y amamos, como no, brindar con espumosos en la orilla de los días largos y así las vacaciones lo son más. Sólo algunos, no renunciamos a tintos bien servidos de trago alegre o esas maceraciones carbónicas carnosas que a mí en particular, me alegran tanto la vida.

Pero yo, yo quiero un verano pètillant, que cada uno es cada uno.

Los vinos naturalmente gasificados se han producido por siglos. Los llamados Pètillant o Pet-Nat, son unos vinos tan amorosa y delicadamente espumosos que son siempre y sobretodo en época estival, un placer, un festival de expresión y si pudiera convocaría un tasting veraniego, me colgaría el pase VIP para el “Concours Pètillant du Monde” , el “Streaming Pètillant” , el “Saca chapas Fest”…

Porque estos no son unos vinos que vayas a catar, sólo vas a gozarlos. La diferencia respecto a los espumosos creados mediante el método tradicional champagnoise , es que terminan su segunda fermentación sin adición de azúcares versus licor de expedición y por eso conservan por lo general, su característica chapa, como la de las cervezas, que protege la integridad de la finísima burbuja y los hace además de lo más práctico y modernete, que todo suma.

Este método ancestral produce un sencillo y más rústico espumoso que el Cava o el Champagne y una burbuja que trabaja de manera mucho más efímera que la de los tradicionalmente clasificados como vinos de aguja y another sparklings, ( aunque algunos de ellos se acogen a estas nomenclaturas…). El producto final es una aventura impredecible, como el verano; abrir cada botella una sorpresa que evoca territorios y modos.

Pueden ser blancos, rosados e incluso tintos y van a maridar con todos esos bocados exóticos y frescos que deseas en esta época del año, pareja irreductible de barbacoas, tiempo libre con risas y de ese amigo que saca la guitarra a última hora. Además suelen rondar los 10º, lo cual los hace perfectos tanto para los bebedores neófitos como para los infatigables.
Pètillants sin filtrar, sorpresivos y desordenados, de incógnito en la fiesta veraniega, son para mí, junto con los afilados Riesling, los salvajes Vinhos Verdes y las crujientes maceraciones carbónicas, la auténtica fruta del verano y que le den a la sandía.

Todos participamos en algún momento, en ausencia y menos mal, de ningún tipo de pudor, de esa secuencia guiri de la sangría o el tinto de verano, pero si puedes elegir o si puedes llevarte tus vinos a tu lugar de vacaciones, hazte un verano Pètillant, que ni siquiera te hace falta sacacorchos.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.