No he montado en globo, pero sí he sido madre, he escrito tanto como para casi poder considerarlo “un libro”, he plantado no uno, sino muchos árboles y ahora ya he cruzado la sierra de Salamanca en un Ford descapotable, si eso no es una experiencia vital singular, no sé que podrá serlo.

Chuchi es mi amigo de toda la vida, cuando éramos niños los póster de Induráin empapelaban su habitación y la bicicleta con la que llegaba cada tarde a mi puerta era una extensión de sí mismo; hoy, sin abandonar del todo los pedales, prefiere las cosas con motor y se ha convertido en un codiciado mecánico de autobuses, coches, motos … También restaura, este es el caso de un Ford Escort Cabrio XR3, un descapotable del año 92, auténtica chulada con la que nos fuimos por toda la Sierra de Francia, Las Batuecas, llegamos a Las Mestas y vuelta a la ciudad respirando el más vívido cielo azul de Castilla, llenando los ojos de robles, encinas y rollos de paja, viendo pacer moruchas y ovejas merinas entre carrascos y peñas.

Hemos quedado con Bosi en la puerta del ayuntamiento de Villanueva del Conde, los niños de ciudad quieren visitar la bodega y han venido en ese cacharro para meterlo por el polvo del camino; ya a pie de viña, dónde la Garnacha es Calabrés y despuntan los primeros racimos de Rufete, enseguida se da cuenta de que hablamos el mismo lenguaje y tenemos una pasión sincera por la misma cosa, los acompañantes nos miran hablar con entrega de suelo, de las noches, de la vendimia, de sinonimias y genes. Decía hace un par de semanas el gran Pallarés en su artículo de El País, que en estas tierras laboró Cronos, será cierto, pues hay algo de mítica en estos parajes.

Bosi habla de sus viñas como lo hace un padre de sus hijos, orgulloso pero siempre intentando mejorar y sin despistarse. Se retrata a sí mismo como uno de “esos locos” (por suerte ya he conocido unos cuántos de esos) que decide apostar por una viticultura menos productiva pero de más hondura y arraigo, recuperando esas tierras que los serranos viejos dicen que no dan na, volviendo a las variedades de ayer, únicas y restringidas a ese pequeño espacio en la pequeña Salamanca, dejando en paz la cubierta vegetal de su viñedo ecológico y aplicando, cada vez más, técnicas biodinámicas.

La bodega y su enclave se confunden y Bosi me dice, que descorche yo, que él va a cortar jamón, porque entre charros anda el juego y ya está clara la cosa. Sin esnobismo y con no poca alegría, los vinos trasiegan por las copas o nosotros trasegamos con ellas; Rufete 2009 debería ser un suero de la alegría intravenoso y recetado, feroz y frutal, festival de pizarras con la acidez compactada y acuosa del relente de la sierra … Lo demás son barricas, métodos, litros y temperaturas.

Los vinos de Viñas del Cámbrico comunican de forma directa con uno y a mí en particular me pone la charra de pie y a Bosi, al que le habrán hablado mil catadores de sus vinos, le sigue interesando cada palabra que digo con la humildad siempre característica de las personas que habitan sus pasiones con convicción y sin corruptelas. Se monta en su furgoneta y despide nuestro Ford, añado otro “loco” a mi lista y bajo el brazo llevo una Rufete Blanca y ese 2009 longitudinal y expresivo; vamos, como se suele decir, más feliz que una perdiz.

Lo cierto es que Concha Velasco se veía con mucho más glamour viajando en descapotable, yo parezco un mocho de fregona, pero vengo de beber vinos ricos en Salamanca con mis amigos de siempre y la vida es bella.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.