Tradicionalmente se ha usado en coupages o mezclas como variedad complementaria, aunque hay regiones en Italia dónde se elaboran con ella monovarietales sencillos, frescos y delicados. Denominaciones de Origen como Tacoronte- Acentejo, Valle de Güímar, Valle de La Orotava e Ycoden-Daute-Ysora ya la contaban entre sus filas, aunque siempre de un modo testimonial.

Bajo la nomenclatura malvasía damos de lleno en la diana de la variedad blanca, obviando por desconocimiento otra malvasía oculta y casi secreta, la rosada; apuesto que bien difícil de reconocer incluso para muchos refutados viticultores. Este racimo oblicuo y poco apretado, de un delicado tono violáceo, esconde una pulpa incolora que puede llegar a ser el nuevo misterio del vino de La Palma. En ella, en nuestra “Isla Bonita”, un grupo de productores, dueños de pequeños vidueños, incluso gente que comienza en esta gran aventura que significa hacer vino, están reproduciendo poco a poco cepas de rosa malvasía para elaborar con ella y recuperar su cultivo. Más concretamente en el municipio de Breña Baja, a unos 120 m. sobre el nivel del mar, allí, en la parte este de la isla y rodeada de blanca verdello, se gesta este proyecto en rosa en suelos arenosos de destacable acidez.

Hay que ponerle atención a esto, porque es la recuperación de un valor, es un riesgo y un sueño romántico, una idea por amor al vino. Diría que para casi todos es la malvasía rosada casi una peculiaridad en sí misma y es nuestra, lo que ya nos asegura un porcentaje de expectación que sumado a la poesía implícita, es ya riesgo, diferenciación y por ende, negocio.

Que las malvasías canarias son una de las joyas de la corona del archipiélago es indudable, que el futuro de los nuevos vinos que verán la luz en nuestra tierra pasa por poner en valor nuestras variedades, bien endémicas o largamente aclimatadas y en ocasiones muy olvidadas por encima de la introducción de nuevas especies… es ya un debate abierto y tema de infinita discusión.

Simplemente que no se nos pase el detalle, que para eso escribo hoy, de que en un pequeño municipio palmero, se está pergeñando la recuperación de algo casi olvidado, el misterio rosa del vino de la Palma no es más diferente que el sueño de muchos pequeños viticultores a lo largo y ancho de nuestro país, revivir variedades y suelos, volviendo a través de ellos a las más claras expresiones de nuestra herencia y nuestra tierra.

*Agradecimiento a Juan Cedrés, seguidor de nuestras actividades desde La Palma, que nos ha cedido amablemente fotos e información necesaria para la elaboración de este artículo.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.