Reconozcámoslo. Estas Islas Afortunadas fueron representadas ya desde antiguo como un ámbito mágico donde el paisaje modela el tiempo para chocar contra playas y quebradas e iluminar su hospitalidad, su vino y sus gentes.

Cargan las tintas en dulzor los eruditos enológicos, insisten en la actitud amable hacia nuestros vinos, su frescura y tipicidad. ¡Somos únicos amigos!¡somos mágicos! . Microclimas y bóvedas terrestres acunan el terroir. Son factores edáficos que nos hacen especiales, amparándonos también en nuestros pies francos prefiloxéricos.

Todo eso es cierto, esa riqueza es la que nos ha venido dada, es nuestra herencia y el valor de quienes producen el vino nos empuja a pintar con ella nuestros esfuerzos y nuestras etiquetas para vender nuestras botellas. Y sin embargo debemos reflexionar. Hasta qué punto hablamos de recursos estilísticos (viticultura heróica, vendimia nocturna) para diferenciarnos ante la mirada de nuestros clientes o se trata de un mero abuso de poesía mala que retrasa la pregunta: ¿Qué vino se “debe” Gran Canaria?

En nuestro mundo de la enología ya conocemos nuestras virtudes, los regalos de la naturaleza y cómo aprovecharlos. Siendo sinceros también sabemos lo que no hacemos bien y lo que no queremos hacer y porqué. Los senderos que se transitan en otras islas y que nosotros no hayamos. Me atreveré a imaginar por qué no, sigan conmigo.

Lo fácil, como en el turismo de sol y playa, es remachar lo obvio, la estela de humo que se convierte en cliché de tanto usarla. Con el vino nos pasa lo mismo. Lo evidente nos sirve tanto para vender como para excusarnos para no hacer otra cosa, porque abrir otros caminos es definitivamente costoso, cansado, implica valentía, autocrítica y exigencia. Vaya… que es duro.

Esta humilde reflexión es para ti, que te gusta el vino y lo compras y lo disfrutas. O porque como para mí esta es tu pasión. El caso es que probamos lo suficiente para saber que Gran Canaria aún no tiene los vinos que merece, aún pinchamos en hueso, porque aunque muchos son buenos y los viticultores dan pasos en positivo, hay muchos otros que no saben cómo maravillárselas para hacer ese vino canarión con el que todos soñamos. No todo puede enmarcarse en la perpetua idea poética de que gracias a nuestras especiales circunstancias el valor de nuestro vino está representado, porque no lo está… y ¡ojo! que les escribe una romántica.

Sara González Martín

Sara González Martín

Sumiller y T. Superior en Enología y Maridaje

Sumiller, Técnico Superior en Enología, Maridaje, Comercio y Marketing así como Docente de Sumillería de HECANSA en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Santa Brígida en Gran Canaria.